¿Piel sensible o piel deshidratada?

Tal vez, desde siempre, hayas achacado las rojeces y los sarpullidos que frecuentemente te salen en el rostro a la extrema sensibilidad de tu piel. “Es que tengo la piel sensible” , aduces cuando alguien te alerta de alguna imperfección; o “qué lata tener la piel tan sensible”, te dices a ti misma al mirarte al espejo y comprobar que te ha salido un nuevo sarpullido en la frente.

Pues bien, tal vez el problema no es que tu piel sea muy sensible sino que, por la circunstancia que sea, tu piel se mantiene constantemente deshidratada, lo que conlleva que cualquier cambio brusco de temperatura, el aire acondicionado, la piscina, etc., supongan una agresión a una piel que posee una menor protección de lo normal debido, precisamente, a esa deshidratación endémica.

Dar por supuestas ciertas características de nuestra piel no es lo más recomendable: puedes cometer errores que vas a pagar caro. Lo mejor es ponerse en manos de una profesional que analice tu piel y que identifique cuáles son los problemas que realmente tienes, con lo cual puede establecer un tratamiento totalmente personalizado que, esta vez sí, abordará lo que tu cutis realmente necesita.

En estética, procedimientos como el diagnóstico facial cada vez tienen mayor número de adeptos. El desarrollo de los tratamientos estéticos aboga por la personalización como factor fundamental: cada persona es un mundo y cada piel también. Sólo con una correcta y pormenorizada diagnosis es posible prescribir un tratamiento eficaz y responsable.

Nuestro consejo: acude a una profesional de la estética antes de aplicarte cualquier tratamiento sobre tu piel. De la misma forma que en términos médicos se advierte de los peligros de la automedicación, en estética debemos incidir en el mismo aspecto: sé prudente y no actúes por tu cuenta ni al tuntún.

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