La micropigmentación una tendencia al alza.

La micropigmentación es una técnica estética, que está en alza, que implanta pigmentos de tipo inorgánico en la capa superior de la piel con el fin de corregir, delinear o realzar rasgos del rostro, casi siempre en labios, cejas y párpados, sin descartar nuevas aplicaciones como la reconstrucción visual de areolas mamarias o la micropigmentación capilar.

Tal vez el primer caso de micropigmentación pueda fecharse a mediados del siglo XIX, cuando se empezó a utilizar la aplicación de pigmentos para camuflar cicatrices, aunque es a partir de la II Guerra Mundial cuando su difusión como disciplina propia de la estética empieza a ser importante, sobre todo en los Estados Unidos y Taiwan.

Los años 70 constituyen un hito para esta disciplina, ya que empieza a ser adoptada como un procedimiento estético por la cirugía plástica y reconstructiva, y es en los 90 cuando la evolución de materiales y tecnología alcanza un gran nivel y se convierte en una técnica muy demandada por los usuarios de los tratamientos estéticos.

Aunque se trata de dos técnicas diferentes, micropigmentación y tatuaje comparten un origen común. Las decoraciones corporales con tintes de origen vegetal se remontan a más de 8.000 años de antigüedad, y su finalidad era, en un principio, mística y religiosa. En la antigua cultura egipcia, en Roma, en Grecia, en las civilizaciones china y japonesa, los dibujos sobre la piel fueron evolucionando tanto en sofisticación como en significado, siendo característicos de marineros, monjes, presidiarios, chamanes o guerreros.

Hoy en día, tatuaje y micropigmentación han bifurcado sus caminos, constituyéndose en dos técnicas que poseen sus propios sistemas de trabajo, aparatología y productos.

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